miércoles, septiembre 06, 2006

Mr. Chamán y el aura infeliz


Cuando ya nada espero… mmmm… bueno, prometo que esto no es un poema grandilocuente sobre mis amores perdidos, porque no terminaría en la vida, pero mas o menos viene a ser una confesión de culpabilidad en delito continuado: yo… zappeo de madrugada. Sí, lo se, los expertos advierten que es una actividad que licua el cerebro, convirtiéndolo en un batido superproteínico preparado por cualquier cachivache de teletienda barata. Pero no, amigos míos, he sobrevivido y puedo venir aquí a contarlo a la Humanidad. Puede que suene exagerado, pero si por algo no puse uno de esos contadores tan monos aquí fue para suponer que me lee todo el mundo de habla hispana, traducido al cantonés y paladín de nuestra cultura allende los mares… Volviendo a la realidad voy a contaros un hecho que me ha llenado de estupor y gaseosa, porque era lo que bebía cuando hice el descubrimiento.

Vine a caer en una de esas cadenas tan monas, locales las llaman, que lo mismo te ponen los encierros de Cercedilla del Moño que una película porno (no quiero quejas, que luego vendrá el gracioso de siempre a decir que la cultura es subjetiva), en fin… que a esas horas o te encuentras a émulos de Nacho Vidal en plena coyunda pragmático festiva o bien, como ha sido el caso, a una copia exacta de Rappel pero en baratillo. Es decir, si Rappel viste en dorado pues éste pura purpurina. Se presentaba como un chamán auténtico, no se si adjunto o general, pero chamán al fin y al cabo y tampoco es cuestión de dudar. Eso sí, advierto, el señor parecía mas bien un director de caja de ahorros retirado, que en sus tiempos libres te mira el aura por matar el tiempo. En definitiva, transcribo parte del monólogo que pude cazar, más o menos:

“Y yo os aviso, que hay estafadores por ahí, sí, sí, que dicen que saben de esto y nada, engañan a las buenas gentes. Mirad, yo soy lo que soy, como otro cualquiera, pero os ofrezco algo: si uno de estos estafadores intenta algo, me llamáis y yo os digo si esta bien o intentan pillaros. Claro, porque yo soy legal, que pago mis impuestos ¿eh?”.

En fin, que uno se encuentra ante tal ejercicio de nobleza chamanesca, de confesión astral, que al final tienes que aplaudirle al hombre aunque sea por confesa que paga sus impuestos como cualquier hijo de vecino. Al poco llamó una señora, que quería saber que tal andaba su aura, fíjate, porque uno, yo mismo, va descuidando esa cosa del aura (somos como bombillas, dice el sabio, y el día menos pensado me fundo) y al final pasa lo que pasa. Luego pasó a la señora al privado, pero yo vine a entender que su aura andaba bien jodida por culpa de alguien. Es lo malo de estas cosas de los astros y sus zarandajas, que en cualquier comunidad de vecinos hay alguien que con un par de velas y un manojo de esparto te funde el aura y te deja a oscuras.

¡Que Shiva nos proteja!

1 comentario:

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Bueno, debo confesar aquí, en petit comité, que a mí eso de ver señoras echando las cartas en las locales era (y digo era pq hace tiempo que no las veo) un vicio.

Afortunadamente no era de madrugada (no suelo yo madrugar), pero me tenían hipnotizado con su labia y sus "artes". No, nunca he llegado a llamar, no estoy tan tarao, pero lo veía por ese punto voiyeur que todos tenemos y pq había alguna tarotista que era una auténtica zorra de lo mal que se portaba con sus llamadas... Y la gente seguía llamando, oye. Hay mucho masoca suelto.